Crema catalana casera, quemada al momento y servida en cazuelita de barro con carquinyolis artesanos de La Sénia, en la calle de la Cera, 49.

Infusionamos la leche y la nata con canela en rama y piel de limón, y la ligamos solo con yemas de huevo, azúcar y un punto de almidón, a fuego muy suave. La servimos en cazuelita de barro, con el azúcar quemado al momento para que la costra cruja, y con carquinyolis artesanos de La Sénia, en las Terres de l’Ebre.
6,50 €
El origen de la crema es incierto, pero viene de lejos: un recetario catalán del siglo XIV ya recoge una leche cocida con huevos. En los siglos XVIII y XIX era postre de fiesta señalada y de casa acomodada, y se tomaba con melindros.
Con el tiempo llegó a todas las mesas y se convirtió en el postre obligado del día de San José, el 19 de marzo, que le ha dado su otro nombre: crema de Sant Josep. La fiesta cae en plena Cuaresma, cuando en las casas sobraban leche y huevos, y eran las abuelas quienes la hacían y la quemaban con una pala de hierro al rojo.
Lo que la hace catalana son los matices: solo yemas, perfume de canela y limón en lugar de vainilla, y una costra de azúcar quemado que debe ser muy fina. La gracia está en el contraste: fría abajo, caliente y crujiente arriba. Manuel Vázquez Montalbán decía que, ante lo que los catalanes saben hacer con la leche, hay que quitarse el sombrero.
Antes del postre, prueba los buñuelos de bacalao (10,50 €) o las albóndigas con sepia y guisantes (16,50 €).
Para saber más: Àpats, de Alba Sunyer y Clara Antúnez (Parcir Edicions Selectes y Joviat, 2022); Cuina catalana, de Borja Sierra y Òscar Gómez (Montagud Editores), y La cocina de los mediterráneos, de Manuel Vázquez Montalbán (Ediciones B, 2002).
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