Hay escritores que visitan un barrio. Y los hay que nacen en él, lo llevan encima toda la vida y lo devuelven convertido en literatura. Terenci Moix es de los segundos. Antes de ser uno de los autores más leídos del país, antes de los premios y de la televisión, fue un niño del Raval que jugaba a pocos minutos a pie de la calle de la Cera.
Un nacimiento de película
Ramon Moix i Messeguer nació el 5 de enero de 1942 en la calle de Ponent, la actual calle de Joaquín Costa, donde desde 2004 una placa recuerda su casa natal. Él mismo explicaba en sus memorias que su madre se puso de parto mientras veía Luz de gas en el cine. No es extraño que el cine acabase siendo una de las grandes pasiones de su vida.
Era hijo de un pintor y de una modista que copiaba los modelos de Hollywood de las revistas, y hermano de la poeta y novelista Ana María Moix. Su Raval era el de la posguerra: calles estrechas, vecindario que lo sabía todo de todos y cines de barrio donde se refugiaba cada sábado.
El barrio convertido en mitología
Aquel Raval no salió nunca de su obra. Lo retrató en El dia que va morir Marilyn (1969), una de las novelas clave de la literatura catalana de posguerra, y volvió a él años después en sus memorias, El peso de la paja, que abre con El cine de los sábados. En estas páginas el barrio es a la vez escenario, familia y mito.
Su trayectoria fue extraordinaria:
- 1968: La torre dels vicis capitals, Premio Víctor Català.
- 1969: El dia que va morir Marilyn, Premio de la Crítica Serra d’Or.
- 1986: No digas que fue un sueño, Premio Planeta.
- 1992: El sexe dels àngels, Premio Ramon Llull.
Escribía en catalán y en castellano, sin pedir permiso a nadie, con la misma mezcla de erudición y humor popular que tenían las calles donde se hizo mayor.
A mesa en Can Lluís
Para alguien así, Can Lluís no era un restaurante cualquiera. Era cocina de casa a dos pasos de casa. En los años setenta, el comedor de la calle de la Cera era uno de los cuarteles informales del mundo teatral e intelectual de Barcelona, y Terenci Moix compartía sala con Els Joglars, Dagoll Dagom, La Trinca, Ovidi Montllor, Rosa Maria Sardà y su hermana, Ana Moix.
El ambiente de Can Lluís, cercano y sin artificios, encajaba con su manera de entender Barcelona: una ciudad que se explica mejor desde una mesa de barrio que desde un escaparate. Aquí la conversación podía ir del cine de Hollywood al Egipto de los faraones, sus grandes obsesiones, con la naturalidad de una sobremesa larga.
La prueba más hermosa está en los libros de firmas de la casa: en 1973, Terenci Moix dejó una auca dedicada, al lado del torero que dibujó Rafael Alberti y de las dedicatorias de Saramago y Harold Pinter. Una auca, el formato popular catalán de viñetas y pareados: difícilmente podía elegir nada más propio del Raval.
Volver siempre al Raval
Terenci Moix murió en Barcelona el 2 de abril de 2003. Sus cenizas se repartieron en tres lugares que resumen su vida: el puerto de Alejandría, el poblado de Deir el-Medina, junto al Valle de los Reyes, y la calle de Joaquín Costa, en el Raval donde nació.
Hoy, a pocos minutos de aquella calle, Can Lluís sigue abierto. Las mesas donde se sentaban él y sus contemporáneos vuelven a servir la cocina catalana de siempre. Si quieres entender el Raval que Terenci Moix convirtió en literatura, no basta con leerlo: puedes venir a cenar aquí.
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